martes, 15 de noviembre de 2011

Longe

Cuando compré esta vela con aroma de rosas era la misma pero era tan otra. No se trata sólo de ser distinta; es también estar lejos, es la distancia de tiempo y lugar, pero sobre todo, de tiempo. Escucho esta canción que dice "Não dá mais pra voltar / e eu nem me despedi", y pienso en por qué no se supone que uno merece antes de dejar ir a una parte de uno mismo despedirse con un abrazo o un apretón de manos, agradecerle, no sé, recordarle que gracias a que fue parte de uno ahora seguirá siéndolo aunque tenga que dejarlo ir. Y sin embargo, sigue encaprichado en irse mientras uno duerme -o vive- dejando una notita y un agujerito a llenar. Pero se nota. De verdad, es inevitable ver que es un agujerito rellenado. Y el mero relleno le recuerda a uno que eso no es lo que era, que lo que era no volverá a ser. Me pregunto cómo quedará el corazón después de muchos años, tras una larga vida. ¿Seguiré teniendo esta fiel memoria? ¿quién me enseñó esta nostalgia que me acompaña desde hace tanto, que hoy odio, que hoy me enoja y no me deja ser (o no me deja no ser)? ¿será que ella también se irá sin despedirse algún día? ¿por qué no puedo olvidar? ¿por qué no puedo negar el pensamiento y simplemente vivir?

Entré a esa tienda que prometía alegrías el minuto inmediatamente después de correr dos cuadras a un taxi que lo llevaba al aeropuerto. Aún sabía a los besos ventanilla de por medio, y repetía las promesas hechas esos últimos segundos para aprenderlas de memoria. Si pudiera avisarle hoy a esa Flor que creía en ese amor que no crea, que no llore, que no corra, que no sienta. Que olvide, desde ese mismo día que empiece a olvidar.

Pero ahí va -ahí voy-, caminando por un barrio de otra ciudad de otro país buscando una velita de esas con olor rico que a ella tanto le gustan porque cree que está hecha de flores y entonces esos perfumes le recuerdan algún lugar en el que estuvo porque de donde viene (todos venimos de un otro lugar, ¿no?). La compra mientras llora con ruido, no le importa que la vean, no la conocen -ni siquiera la conocen muchos que creen conocerla-. Y ese momento es de ella, solo de ella, y puede el mundo hacer del mundo lo que quiera porque ya nada importa. Así de ingenua era.

Por que é que você foi / Não quero te esquecer. Y ni siquiera puedo odiarte para convivir con el recuerdo en paz. Y ese presente que ya no es empieza a guardar para sí los detalles más chiquitos, los horarios, la ropa que llevábamos puesta, el nombre de la calle, las palabras exactas. Hasta la voz (no soporto la idea de empezar a olvidar tu voz). Me niego a olvidar y sin embargo quiero olvidar y sin embargo cuando comienzo a olvidar por estar tan lejos me niego a olvidar lo que ya estoy olvidando. Lo que ya nunca podré recordar. Lo que ni las 400 fotos que guardo de esos días podrán devolverme. Recuerdo a Funes el memorioso, y entiendo, nuevamente entiendo, cuan necesario es Borges para vivir. Cuan importante es olvidar para vivir.

Esta noche mientras veo esa vela seguir consumiéndose recuerdo la ingenuidad al haberla comprado, el tanto por vivir que gracias a Dios sigo viviendo, lo diferente, lo errada, lo enamorada que estaba. Me recuerdo hasta más chiquita. Con seguridad, con más miedo. Y el corazón menos roto. Mucho menos deshecho.

Pensé que la vela se consumiría antes de volver. Ahora entiendo cuan equivocada estaba: ni la vela terminará de consumirse -de ser, de dar-, ni yo volveré. Tomaré un avión que se supone me dejará en el mismo lugar donde empezó esto. Pero no volveré. Estoy demasiado lejos para volver. La vela seguirá siendo antes y después de mí. Y yo seguiré siendo antes y después de él. Pero jamás volveré a ser.

E a Terra está tão longe…

Pd. Reconocer que no puedo no pensar y no puedo no escribir me hace reconocerme. Y eso sí da paz.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Feriado

Luego de trabajar unas 6 horas desgrabando una conferencia de la UBA que me pidieron en Argentina, fui a dormir esperando descansar. Imposible. Últimamente deposito en mis sueños y pesadillas todo o casi todo lo que me pasa por la mente: Bruno, la universidad en Buenos Aires, Bruno de nuevo. Mi familia en San Pablo y yo mostrándole a mamá mi café favorito. La universidad de San Pablo con una de esas asambleas a lo UBA y yo corriendo porque ocupan el rectorado y van a reprimir. Un otro con que aún pienso por qué lo soñé. Un baño de un lugar público del que me escapo porque viene algo malo, alguien peligroso, no sé quién, pero viene. Y todo aquello que cae en ese agujero negro abismal entre sueño y sueño.

Me despierto en esa corrida e intento desacelerar el corazón y entender que estoy en mi cama, en mi casa, en San Pablo. Aún me cuesta construir el enunciado "mi casa en San Pablo". Pero lo es, y lo es porque así lo siento.

Reconciliarme con el mundo que me mira medio a oscuras y me da la bienvenida. Lo bueno de despertarse solo es obviar ese momento odioso del despertador, la musiquita y uno que pretende estar de acuerdo con el sistema. Siempre quise comprarme ese despertador de Phillips que por unos módicos $500 te recibe con la luz a lo puesta de sol y sonido de pajaritos. Creo que es más fácil abrir la ventana y adoptar un pajarito-mascota (pero que vuele por la casa, que para rejas ya tengo las propias). Lo malo de despertarse solo es eso. Solo. Hago de cuenta que no lo pienso en una muestra ejemplar de cómo uno puede engañarse. Me dejo pasmada a mí misma.

Desayuno café con leche bien fuerte, juguito de durazno, yogurt de frutilla y tostadas con reiquejao y mermelada de frutilla. Leo el diario, las revistas femeninas y varios corres pendientes. El feriado es feriado en todo el mundo, la misma alegría, los mismos imperativos. Lo único que le falta a este -el de los muertos- en un programa de Rial. Gracias al cielo mis amigas me informaron del nuevo amorío de Soldán.

Voy a desgrabar los 30 minutos que restan. Les deseo un gran día desde rincón del mundo...

Pd. Por favor diganme que sueñan tanto como yo...

jueves, 27 de octubre de 2011

Una quinta que puede ser cualquier otro día

Una de las cosas que más me sorprende es descubrir cómo uno empieza a descansar en el sentido más profundo del término cuando se lo permite. Nunca supe que tenía tanto cansancio dentro de mí, y sin embargo, creo que estoy recuperándome de años, y se siente tan bien y tan liviano y tan necesario. Despertar de una siesta a la sombra de un árbol en el centro de deportes, mientras el sol alrededor da ese calor que a uno lo abriga, y los pajaritos cantan, y de pronto cae una hoja del árbol justo sobre la palma de mi mano abierta, y solo atino a cerrarla porque quiero adueñarme para siempre de esa tarde y estos momentos. Entender la palabra libertad como nunca la entendí en mi vida.

Sé que volveré a estos recuerdos cuando necesite saber de qué estamos hechos los hombres. Y si uno sufre más o ríe más o vive más es porque hay que llegar bien al núcleo de uno mismo para poner el kilometraje en cero. Haciéndose cargo de lo andado, pero con la energía necesaria para volver a empezar. Siento que nada ni nadie puede hacerme caer del todo. Sé que tengo ante mí el infinito universo esperándome. Y mejor aún, sé que puedo verme sin miedo y soñar y planear con la ilusión de alguien que tiene el corazón entero. Será que hay que deconstruirse para hacerse tan fuerte.

Hoy me siento positiva, creo que pueden notarlo. Me voy para Curitiba, luego les contaré de los viajes. Es que como dijo una queridísima amiga, estoy en esa etapa de menos palabras y más fotos. Vengan conmigo en la valija; saben que los llevo adonde vaya...

domingo, 16 de octubre de 2011

Un papel en un libro.

Que sean las dos de la mañana y mientras leías un libro que compraste y nunca habías tenido tiempo de leer (hasta hoy, cuando la carencia de sueño te hizo apelar a su fiel compañía) pases de página para continuar la historia de Horácio y la billetera, y en vez de esa trama, te sorprenda un papel cualquiera con su desprolija caligrafía y su intempestivo recuerdo.

No poder hacer más nada. Que te quite el sueño y te devuelva el fantasma de lo que no fue, ese que por un momento habías creído que empezaba a difuminarse en el aire. Leer las instrucciones escritas en la hoja para llegar a casa, y preguntarse, con el corazón abierto, por qué nunca te dio las instrucciones para vivir esto. Porque nadie le enseña a uno a sufrir como Dios manda y pasar de página, no a esa donde un recuerdo te paraliza, sino la que repite que la historia continúa.

Necesitar un abrazo, estar sola en la casa y aprender que esto es vivir y crecer. Llorar, apretar el send para inmovilizar lo escrito, cerrar la tapa de la computadora y dormir aún en el pensamiento. Y despertar.

viernes, 14 de octubre de 2011

En el cielo las estrellas...


Y un día, quién sabe cómo, estaba volviendo de la universidad, ya era de noche, cargaba mis apuntes, sentía el llover casi como quien siente al aire ser aire, respiraba con anormal normalidad, respiraba sin suspirar, pensaba en lo inmediato y menos abstracto, me sentía más simple y unidimensional que nunca, hacía la lista de las compras, hacía el cronograma de estudio, y entonces, ahí, un día, quién sabe cómo.

Sí. Quién sabe cómo, un día, mientras otros seres y otras almas levantaban la vista para ver en las mismas nubes del atarceder-casi noche un conejo o un auto o un corazón o el número ideal para jugar a la lotería, yo las ví, sí, quién sabe cómo. Eran las Islas Malvinas. Ellas, las mísmisimas. Las vi y ellas me vieron, y sentí la patria tan obviamente sobre mí, mirándome, lloviéndome encima. Las Islas Malvinas vinieron a mis nubes y yo me sentí tan patriota y la vez tan enferma de gripe o locura. ¿Desde cuándo donde la gente ve conejos o números yo veo un territorio nacional perdido? ¿Seré siempre tan irremediablemente diferente? ¿Será que somos todos tan diferentes pero solo yo me animo a escribirlo?

En el cielo las estrellas, en el campo las espinas. Y en el fondo de mi pecho, la República Argentina (pero que me deje ser unidimensional solo por un momento, ¿está bien?)

lunes, 10 de octubre de 2011

Cosas (casi) universales


Debo reconocer que llegar a otro país y no encontrar pequeños rastros de nuestra identidad nacional es desalentador. Sobre todo, si uno lo busca en las góndolas del supermercado o en la televisión. Con el tiempo, sin embargo, fui dándome cuenta que algunas cosas que parecían bien argentinas son casi universales, o por menos, tan de ellos como nuestras. En las siguientes líneas un pequeño listado de aquellas cosas que a uno lo hacen sentir en otro lugar, pero bien cerca:

  • Sonhos de doce de leite: No, el dulce de leche no es el mismo. Pero encontrar algo que se le parezca, por ahora resulta suficiente. En la panadería de mi supermercado Violeta venden algo que nacionalizándolo podría llamarse factura de dulce de leche o crema pastelera. Se vende por peso, pero cada uno cuesta aproximadamente 0,90 centavos de Real. Lo vale.
  • Productos Pullman: El nombre puede resultar confuso, pero ver al famoso osito de la panificación con la inconfundible B en su sombrero de chef, a uno lo tranquiliza. El oso Bimbo perdió su nombre pero no resignó su inicial.
  • Publicidad de Tang: Prepará, tomá y hacé (o, o, o). En fin, por motivos evidentes la canción no iba a ser igual, pero "Preparou, bebeu, faz" muda de tiempos verbales y ritmo musical para volverse hasta más divertida. Una banda de mocosos raperos mostrándole al mundo que mucho juguito pero poca acción. Me convencieron. Soy TAN blanco de publicidad.
  • Quase Anjos: No precisa traducción, creo. Tiago, Jazmín, Rama, Ceú (Cielo), etc. Un mismo programa, doblado al portugués. Lo pasan de lunes a viernes a las 9. La temporada 3. Aparentemente tiene algo de éxito. A mi me resulta simplemente curioso. Y si de confesiones de trata, reconozco que hoy lo he visto y todo. Que para crecer tengo tiempo.

Hay mil ejemplos más. Por ahora, les dejo el link del himno Tang para que se diviertan un rato: http://www.youtube.com/watch?v=VyOWmz3EAKY&feature=related

Y la foto de quase anjos, a ver si les suena de algún lado:



jueves, 6 de octubre de 2011

Exámenes

La latente presencia de las Xerox (tácitas, porque siempre escondidas) me recordó desde el día 1 que estos días llegarían. Fueron tratadas con respeto demais: Viajaron en avión, conocieron Brasilia y Río -dos veces; las mismas-, se impregnaron de olor a bronceador y arena y mate. Nunca se sintieron solas, dado que venían conmigo a donde fuera que vaya. Mis fotocopias y yo, éramos casi una.

Quise confiar en el espíritu santo y sus 7 dones; sí, los 7, dado que con uno solo no podríamos tornar realidad el milagro. También experimenté el proceso de ósmosis. Dormí con las fotocopias en la mano. Leí de a dos renglones repitiéndome que lo hacía solo para que la información penetre profundamente en mi cerebro y nunca más se vaya. Intenté estudiar en la mesa, la cama, el centro de deportes de la Usp (en el árbol 1, 2 y 3, en orden cronológico, y también en las mesas, y en los bancos, y en la entrada...), la biblioteca, la casa de una amiga, un aula vacía, los bancos de mi facultad. Probé el formato papel, Pdf y Word. También apliqué el google traductor en casos de extrema emergencia. Nada.

Y cuando digo Nada, quiero decir, de verdad, no les miento, se los juro, NADA. El proceso para mis exámenes fue básicamente el mismo: enunciar y anunciar el proceso de estudiada, pero nunca volverlo realidad. O volverlo, 4 días antes. Desesperada. Repitiéndome que soy mala estudiante, representante de la UBA, intercambista, ciudadana y por qué no ser humano. Sin dormir. Leyendo a la velocidad de la luz para compensar dos meses en 4 días. Haciendo esos malditos resúmenes de los que uno es preso para estudiar (los resúmenes lo hacen a uno, y no al revés).

Fueron exámenes presentables. Creo. Posiblemente pasen al olvido, morirán en esas hojas (estas, que al final del post incluyo). Nadie las recordará; al menos yo intentaré no hacerlo, y espero por el bien de sus capacidades cognitivas que los profesores no lo hagan.

Oficialmente, sobreviví. Y contesté todas las preguntas, hasta las no-pensadas para extranjeros (¿cómo recordar la distribución de votos en la ciudad de San Pablo a razón de sus 55 distritos y características geográficas?). Los exámenes duraron 4 horas. Usé las 4. Pude escribir en español. Pero tuve que estudiar en portugués. Todo un descubrimiento.

No se preparan los exámenes en tus hojas, sino en unas que te da la universidad oficialmente aceptadas -quienes quieran copiarse, abstenerse-. Les dejo una foto de mi borrador de Política Externa Brasileira, que quedó conmigo. Hay lugar hasta para la nota. Y por si tienen curiosidad, las consignas (Ye y Flor, colegas, especialmente!)

Ahora, Libertad. Y la eterna promesa en un nuevo día 1 de leer a tiempo, preparar los resúmenes, memorizar los datos, no pasear las hojas, evitar el Facebook, ser rigurosa en estudio y profundidas, revalidar el merecimiento de este intercambio y convertirme en una buena mujer y decente ciudadana. Amén.




Pd. Se aprueba con 5/10. Gente de la UBA, llore.

martes, 27 de septiembre de 2011

Noche Bis

Hoy estaba pensando, ¿qué pasaría si yo no fuera mía sino del mundo? ¿que querría el mundo que hiciera con él y conmigo, de él y de mí?

No sé, si es que el cosmos pretende que ejerza mi rol natural de pieza minúscula e intrincada de rompecabezas apaciblemente, que se vaya olvidando. Podrán los chinos elegir su carrera o profesión según las necesidades de la Nación. Seguirán hombres y mujeres eligiendo buscar agradar al deseo de Dios. Pero yo he pensado y vivido y soñado demasiado, y ahora no puedo dejar de ser flor-céntrica (qué espanto) y leer el mundo desde mi propia clave de lectura. Y esperar yo algo de él. Y pedírselo. Y enojarme, cruzarme de brazos y no hablarle por un día o dos cuando me contradice. Tendría que dejar de importarme tanto a mí misma.

¿Será que uno construye sus propias explicaciones para darle sentido a esta vida que sin querer hacemos? Imposible de-construirme y volverme a hacer. Entonces mejor re-pensarme para inventar una cohesión a este manojo de vidas que conviven siempre en uno (y cada vez son más). No podré abandonar la ciencia política, Cortázar, los hidratos de carbono, la recurrencia al llanto, el mate o las palabras. Los abrazos. Ni que el mundo me lo pida. Ni que Dios me haya hecho para lo contrario. El creado se revela contra el creador, pero solo porque siente que sabe que sabe. Y si ella lo sabe, Dios también tiene que saberlo. Es que para que ella lo sepa Dios tuvo que saberlo antes. Y el mundo, también.

Buenas noches.
Mejor, Buen amanecer.

Pd. He llegado a ese momento de la noche luego de las 2 y antes de 7 donde la hora es cualquier hora y el sueño se transforma en cosquillas o brisa o una mariposa revoloteando.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Noche de estudio y frustración (de estudio, y frustración...)

Cerrar los ojos para poder estar donde quieras, imaginarte en otro mundo justo cuando el de ahora parece estar gobernándote, haciendo con uno lo que se le da la gana. No se confundan: el dónde no es dónde sino cómo. Creanme que hoy no es un buen fluir del río. No me pidan que me abandone a la corriente. A veces simplemente no puedo dejar de ser yo. Lo bueno es que arreglo mis karmas y fantasmas con la almohada y el mate de la mañana me recibe como si nada hubiera pasado. Es como un pacto con mi cosmos.
...

Por qué será que cuando lo necesitás junto con tu cerveza de casi madrugada y tus apuntes no está, y no hay infinito que pueda llenar este agujero (cubrirlo siempre, pero digo que para mentiras ya está el mundo). No es distinto porque es hoy y acá. Hay conceptos fatalmente universales. Y milagrosamente, también. Ni les cuento de lo universal de un abrazo. Será que hoy necesito un poquito de amor. O de cariño. O aunque sea un no me da lo mismo si estás o no en este mundo que habitamos juntos. Un construir un lindo momento, aceptando lo chiquito e imperceptible y fugaz e imperfeto y presente y eterno. Pero disfrutándolo. Sentirse una partícula de universo lo hace entender a uno lo poco que importa su vida. Y sin embargo, cuánto me importa ser feliz, carajo.

Paso a paso. Y cuando esté cansada parar. Pero vencer hasta el cansancio. Aunque mi imperativo categórico kantiano luche por no permitirlo. Por ahora elecciones en Sao Paulo, 1976, identidad ideológica, ARENA, MDB y cuanto concepto se presente ante mis anteojos. Que venga. Mañana volveré a navegar contra corriente si eso es lo que hace falta. Pero dejarme conquistar sin que antes me sea pedido el debido permiso, jamás.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Sentimiento suelto

Es todo un desafío para el corazón notar que irremediablemente dejás atrás tantas cosas al dejar de ser lo que eras (incluso personas). Cuesta desatar la cuerda para navegar, y entender que solo uno debe decidir el rumbo...

Cuando más grande es la ciudad, más solo se siente uno cuando la soledad visita. Pero más dueño de sí, también. Aunque cueste lágrimas hacerse cargo de semejantes verdades.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El misterio del travesseiro y otras reflexiones

Es el segundo día seguido que sucede la misma secuencia: me dispongo a dormir, saco la almohada, la dejo en el borde de la cama, me duermo, pasa la noche, me despierto, siento la almohada sosteniendo mi cabeza, abro los ojos, miro el borde la cama, la almohada no está, miro aquello que me sostiene. La almohada me devuelve la mirada. El asombro. ¿alguien tiene alguna idea sobre lo que sucede en mi hogar?

...


Para cruzar la calle en San Pablo una cosa usted tiene que saber: Antes de intentar cruzar recuerde mirar a la altura de su hombro al semáforo en cuestión, puesto que para que pueda hacerlo es muy probable que tenga que apretar fuerte un botón verde que le avisa al ocupado semáforo de sus necesidades como turista o mero ciudadano. Si lo olvida, probablemente haga como yo la primera semana y se quede esperando que el maldito semáforo cambie de color como por 5 o 10 minutos, hasta que alguien más atento o inteligente que usted lo apriete y lo haga quedar bien como la mona.


...

Siguiendo la reflexión de ayer: Agrego oficialmente a aquello que ya no quiero más conmigo unas 400 fotos en Brasil que contienen un amor (sin contar las 1000 restantes que fueron tomadas en su compañía o presencia, pero lo mantienen tácito). Qué poco valiente soy. Del dicho al hecho -completen la frase solos-. Amén.

martes, 20 de septiembre de 2011

Sólo un grano de sal en el mar del cielo

¿Cuántas veces sentí que tenía ante mí el fin del mundo -de ese mundo, que es tantos-, de todo lo conocido, de todo lo que viví? ¿Cuándo fue la última vez que supe que aunque quisiera no podría volver atrás para recomenzar el camino? ¿Cómo sentirme al notar que hasta olvidé el camino de regreso?

¿Cuántas yo dejé ir? ¿Cuántas nunca conoceré?

Últimamente me persigue esta sensación profunda y de vértigo que pese a mis esfuerzos no puedo ignorar. Es un sabor que vuelve, un ruido que recuerda, una certeza que tímida se asoma. Es esta sensación poderosa y firme de saberme cada vez más otra. Saber que aunque volveré al mismo lugar el lugar será distinto porque no podré recuperarme. Y no es que quiera hacerlo; sólo temo al saber que aunque un día quiera no podré. Es el no poder aún sin quererlo. Es el que me sea prohibido. Entender que la vida va hacia adelante, de lunes a martes, de primavera a verano, de 23 a 24 y de ahí a 25, y de ahí al infinito. Pero saber que tiene un final. Y a medida que el infinito más se acerca, más olvido el comienzo. Saberme cada vez más dueña de mí y más lejos de aquello que me protegía. Saber que seré yo misma mi refugio y mi conquista, mis ráfagas, mi lluvia, mi sol, mi amanecer y mi universo. De día a noche, pero después, saber que siempre después, de noche a día, de lunes a martes, de primavera a verano. Que la oportunidad te mire a los ojos impaciente y saber que si no la abrazás morirá en tu ignorar. Pero vendrá otra. No poder con la ansiedad de todo lo perdido, pero entender, después de tanto tiempo, finalmente, entender, que hay que estar liviano para viajar y vivir y avanzar. Que de nada sirven mi colección de revista ñ, cartas de la infancia y adolescencia, cuadernos del secundario, tickets de cine, recuerdos de cuando me amaron, señaladores en los libros. Ni siquiera los libros. Nada de todo lo que atesoro entra en esa valijita en que solo cabe mi corazón.

Sentir que esto puede ser el fin de todo. Porque es el comienzo de algo tan grande que simplemente no queda espacio para nada más. Afrontar el desafío de curar mi sistemática nostalgia y apego al pasado para tratar de no perderme esta extraordinaria vida que pasa frente a mí, por volver a mirar mi colección de pedazos del pasado. Sentir que dejo ir una parte constitutiva de mí, y quizás con ella, me esté yendo yo misma. Llorar, llorar y llorar más. Olvidar hasta por qué estoy llorando. Sentir que quizás sea para limpiar esto que soy dentro. Pero estar tranquila porque este ejercicio es una acción afirmativa hacia el presente y hacia el futuro. Subir a lo más alto de lo alto para abrir los brazos, juntar los pies y saltar. Cerrar los ojos y dejar de conformarme con sentir tierra bajo los pies. Afrontar de frente hasta al viento, que cada vez más rápido barre lo que era mientras más me acerco al abismo. Amigarme con lo desconocido. Y con la soledad. Entender que nunca más seré la que era. Celebrar el que así sea. Esperar mi próximo día sabiendo que no sé nada de él. Y dormir tranquila.

Ser mi hogar. No mentirme. Elegir. Acostumbrarme a mudar de piel con cada estación. Y agradecer el poder hacerlo. Mirar al universo a los ojos y no dejarme intimidar. Sentir que es el momento de celebrar lo desconocido de mi futuro para vivir intensamente estoy que hoy soy y eso que puedo ser. Y saber que cuando vuelva tampoco seré esta, pero le guardaré el cariño que me merece. Sentir que me vuelvo cada vez más grande. Reconocerme en los errores y cansancios. Aprender que aquello que imaginamos nunca será como lo imaginamos. Dejarme sorprender. Sonreír solo por despertar. Repetirme que ninguna vida se hizo de días solo buenos. Repetirme que las palabras más bellas se hicieron del dolor, y quizás hasta las vivencias más bellas sean hechas de lo mismo. Entender que el camino va siempre hacia adelante. Recordar que si no estoy liviana no podré subir al tren, atravesar las nubes y llegar al centro del universo. Entender cuán dueña soy de mí. Agradecer a la vida lo salvaje e intenso e inabarcable. Agradecer a Dios estar acá, lejos de todo, hasta de mí misma, para volver a hacerme y vivir profundamente. Para abrazar esta tímida oportunidad que extiende su mano esperando convertirse en algo. Atraversarla, llenarla de mí y hacerle imposible que me olvide. Dejar de mirar las raíces para comenzar a trepar, para llegar a estar más cerca del cielo...


Pd. Mientras escribía escuchaba una y otra vez Somewhere only we know, de Keane.
pD2. La foto fue tomada un miércoles al mediodía en Plaza de Luz.
Pd3. Si pudieran deshacerse de una parte de sí mismos, para dejarla en este mismo texto que es en realidad un baúl donde puede descansar... ¿cuál sería?

jueves, 15 de septiembre de 2011

Sobre la subjetividad de lo extraordinario

En fin. Podría contarles que estoy disfrutando de un Congreso sobre MERCOSUR (el FOMERCO, quien sea ávido de más información puede aprovechar las ventajas de la omnipresente Internet) lejos de todo pero bien cerca de eso que a uno parece hacerle feliz. Quizás hasta lo haga.

Pero por algún motivo me parece más divertido contarles sobre cómo me sorprende bajar del metró en estación Botafogo en la ciudad más linda que he conocido en mi breve y sedentaria vida -Río, dónde más- y descubrir que aquello que a uno le resulta sorprendente, extraordinario o maravilloso para otros puede ser simplemente parte de la vida.

Un hombre de unos 60 anhos en ojotas y pantalón corto con las bolsas del supermercado y la mirada apagada me mira, y yo no puedo dejar de pensar si notará en mi la ingeniudad de quien no pertenece a este ciudad y cree empezar a conocerla en su apenas segundo viaje. Fico aislada del mundo, la verdad, porque el Congreso dura de 8.30 a 21 cada día y es frente al Maracaná, o sea, bien lejos de la playa y la gaviota y esa imagen que las postales nos ensenhan, pero, como sea, no dejo de sonreir cuando me asomo entre teoría de integración y teoría de integración y veo el morro mirándome, ahí quietito, esperando que me escape. Yo lo hago aunque nadie se de cuenta, me voy volando como esa gaviota y planeo por encima solo para verlo más chiquito y abarcable.

Haciendo mi pesquisa de campo un maestrando me dice que olvida donde vive salvo los sábados que alguien lo invita a pasar el tiempo en la playa. Cómo hacer para dejar al tiempo hacer acá, no lo sé. Yo simplemente trato que me atraviese para volver llena de viento y lluvia y olor a mar -lo del viento y la lluvia no exagero, por suerte traje mi guarda chuva-.

¿Podrían acostumbrarse a esto ustedes? Yo, creo que no podría dejar de sorprenderme. Y sin embargo, recién un mes y medio de haber llegado ya siento que una parte de mi pertenece acá, que amanecer en San Pablo es tan familiar y conocido como en Buenos Aires. Lo único distinto son los mates.

Hasta la próxima, ya no desde Río, sino desde el mundo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Al Reggae del Opus en 24 horas (II Parte)

Pasado ya un tiempo prudente, con la doble intención de generar expectativa en la audiencia y permitirme disfrutar la semana de vacaciones sin licencias poéticas, vuelvo a contarles al final de mis 24 horas.

Que sea el mediodía y aún no sepas qué hacer para que las horas corran rápido, dado que la única cosa que se te ocurre hacer es la que menos querés porque es la que tenés que hacer (estudiar, claro), es algo al menos esperable. Y que te escriban por internet para invitarte a un recital de un anónimo -para mí- en un lugar desconocido con horario incierto, pero inmediato, también. Primera lección de San Pablo: Justo cuando creés que no hay nada o nadie o algo, eso aparece. Y no tímidamente, ni asomándose, ni con esfuerzo. Simplemente espera que te des vuelta para tomarte por sorpresa, salir a la superficie de pronto, y dejarse elegir. ¿O será que ella te elije vos?

En fin. La propuesta era viajar bastante para escuchar junto a un grupo de desconocidos una banda de reggae, cuyo recital según los entendidos, era histórico porque era la primera vez que estaban en Brasil. Dada la inexistencia de otros planes y envalentonada por la insistencia de mi amiga, acepté.

El viaje duró 4 horas. 2 horas para llegar al primer destino. 1 hora para esperar a otra compañera de grupo. Estaban (¿estábamos? solo por formar parte del status quo) preocupados de no conseguir entradas, dado que era gratis y popular. También estaban preocupados sobre cómo hacer para hacer pasar sus porros.

Se nos fueron uniendo personas, intercambistas de la USP (para todos ustedes que piensan que hay que ser correcto y aplicado para llegar aquí), con gustos y hábitos parecidos a todos menos a mí. Realmente la situación me parecía entre ridícula y chistosa.

En un momento, mientras escuchábamos el recital chiquito que nos preparaba al gran recital, rodeada de rastas y humo y olores y alcohol, pensé: Si pudiera volver a hacerme ¿Sería esta? Fue bueno responder que no. Sentí que aún gozaba de algo de salud mental. Sólo algo.

¿El recital? bueno. Pero no llegué a entender bien ni quién cantaba, ni quién tocaba, ni con quiénes charlaba (creo que a esa altura ni ellos sabían quiénes eran), ni qué hacía yo en ese antro un sábado en San Pablo. Cuando una partícula de materia de algún otro mugriento me tocaba, perdía la concentración y sólo pensaba en bañarme, la ducha, el agua, jabones, muchos jabones, shampués, tijeras, limpieza, dentífrico, olor a no olor, silencio, soledad, soledad, soledad, música clásica, Buenos Aires, más jabones, concentrarse en el jabón y el alcohol y la lavandina y sentirla y casi olerla y disfrutar de poder crear mi propia burbuja en mi espíritu darwinista de sobrevivir.

En fin. Lo hice (digo, sobrevivir).
Llegué a casa, me bañé, y me dormí.

Y juré que nunca más la excusa de probarme a mí misma bastaría para meterme en ese zoológico de reggae, humo y rastas.

Pd. Ni todos los recitales de reggae son así, ni todos los asistentes respondían al perfil, ni la situación presente -como siempre que es narrada- responde al hecho objetivo despojado de metáforas o narraciones-.

martes, 6 de septiembre de 2011

Para calmar ansiedades

Dado que varios me pidieron el final del relato, pero me estoy por ir a un Museo del que luego les contaré, dejo una canción que sirve para olvidar penas y salir al mundo con una sonrisa!


La letra de Do Lado de cá es:
(NotadeR: No esperen un Borges. Es bien simple y efectiva!)
(NotadeRII: A mi favor, Borges no era muy feliz tampoco)

Se a vida às vezes dá uns dias de segundos cinzas
E o tempo tic-taca devagar
Põe o teu melhor vestido,
Brilha teu sorriso
Vem pra cá,
Vem pra cá

Se a vida muitas vezes só chuvisca, só garoa
E tudo não parece funcionar
Deixa esse problema à toa
Pra ficar na boa
Vem pra cá

Do lado de cá,
A vista é bonita,
A maré é boa de provar
Do lado de cá,
Eu vivo tranqüila
E o meu corpo dança sem parar
Do lado de cá,
Tem música, amigos
E alguém pra amar
Do lado de cá

Se a vida às vezes dá uns dias de segundos cinzas
E o tempo tic-taca devagar
Põe o teu melhor vestido,
Brilha teu sorriso

Vem pra cá,
Vem pra cá
Se a vida muitas vezes só chuvisca, só garoa
E tudo não parece funcionar
Deixa esse problema à toa
Pra ficar na boa
Vem pra cá

Do lado de cá,
A vista é bonita,
A maré é boa de provar
Do lado de cá,
Eu vivo tranqüila
E o meu corpo dança sem parar
Do lado de cá,
Tem música, amigos

E alguém pra amar
Do lado de cá

A vida é agora
Vê se não demora Pra recomeçar
É só ter vontade
De felicidade
Pra pular

Do lado de cá,
A vista é bonita,
A maré é boa de provar
Do lado de cá,
Eu vivo tranqüila
E o meu corpo dança sem parar

Do lado de cá,
Tem música, amigos
E alguém pra amar
Do lado de cá

A la noche termino lo que dejé sin terminar!
Até mais! (os espero do lado de cá...)

domingo, 4 de septiembre de 2011

Anotaçao para lembrar

El universo de la escritura lleva V corta (simple memotécnica para aprender 4 palabras en una):
  • Escrever
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Excepción: Biblioteca; no quiero que nadie escreva vivlioteca por mi culpa :)

Del Opus al Reggae en 24 horas

Este es el relato de cómo del viernes a la noche al sábado a la noche, con la excusa desmedida de buscar aquella parte de mí que me espera en San Pablo, llegué a cenar en un grupo femenino de estudios del Opus Dei y a compartir un recital de reggae con gente de rastas, mugre y cigarros.

Primera Parte-
Viernes
El aula de mi clase de las 5 estaba vacía, y tras firmar mi asistencia, vi el fin de semana ante mí, presentándose, obligándome a salir de mi sedentaria quietud de ama de casa novata para explorar las inmensidades del afuera paulista.

Una compañera de Política Externa Brasileira me invitó a una "Cena con amigas", y como era el mejor plan posible, acepté. Al principio sólo vi una residencia de estudiantes mujeres muy pulcra y amable. Con las fotos de la Jornada Mundial de la Juventud y las charlas sobre el Papa supe que eran católicas. Sabía que había algo que no sabía. Era casi una intuición y casi una certeza.

En alguna parte de la noche empezaron a hablar de Escrivá de Balaguer. Claro que, como todo era en portugués porque yo era la única extranjera, siempre me faltaba algo que entender (creo que ese algo era lo más importante). Querían saber de mí. Me contaban sus actividades -muy loables y necesarias, por cierto-. Me pidieron si podía ir a hablar un día de educación argentina, o enseñarles a cocinar algo típico. La comida era muy rica. Definitivamente era muy atentas conmigo. Agradecí que lo sean. Les dije de mi paso por Acción Católica, conocí el oratorio -hermosísimo- y hasta me dieron ganas de acercarme más a esa parte de mí. No dejaba de sorprenderme el hermetismo. Parecía una isla dentro de una ciudad, creada para protegerse del afuera y reproducir más el adentro.

Cuando me fui, me invitaron a las actividades del sábado. Dije que no sabía si podía. Sabía que si quería podía pero no sabía si quería hasta no entender esa parte que no entendía.

Llegué a mi casa. Abrí el google. Supe en qué me había metido (un grupo hecho y derecho del opus dei, por si aún tienen alguna duda).

El saldo de mi hazaña no es menor: En solo un día 4 llamadas perdidas, 4 mensajes, una propuesta a hacer un "trabajo universitario" para presentar en Roma. Ignoré los llamados y me ofrecí a ayudar en lo que quiera a mi amiga (que es muy buena y divertida, aunque "olvidó" avisarme algo de su casual "reunión con amigas") con su trabajo, pero me negué a hacer uno propio. Espero no volverme víctima de persecuciones ultra católicas en Brasil.

Si dejo de escribir este blog, por favor intenten contactarse conmigo. Puede que haya dejado mi pasado de pecadora- católica progre- universitaria para volcarme a la ardua tarea encuentro con Dios.

Próximo Capítulo: Sábado en la periferia (y reflexión final).

miércoles, 31 de agosto de 2011

Home Alone

Hoy fue el primer día que tuve la casa toda para mí y me quedé en ella desde despertar hasta dormir. Y con él, comencé a experimentar verdaderamente lo que es vivir solo en un país diferente sin nada que te ate y nada que te diga qué o cómo ser (qué o cómo hacer).

Por empezar, me sorprende el proceso de construcción de un hogar. Comprar una vela de ese aroma que te gusta -que tuve que buscar dos semanas-, hacerla a tu manera, ir diluyendo la ajenidad con detalles o diferencias nada sustanciales, y sin embargo, radicalmente tuyas. Va a ser extraño cuando me vaya y tenga que desarmarla, y vuelva a ver esa habitación que encontré cuando llegué que sentí tan lejos y tan fría, que tanto miedo daba. De seguro no dará miedo. Parecerá más chiquita, menos poderosa y más parte de mi propia historia.

Luego, es un descubrir constante sobre quién sos, cómo querés ser, qué te hace bien. Es encontrarse con uno mismo y sorprenderse al hacerlo. Les dejo un listado de cosas que me gustan, y espero por cualquier medio de comunicación la respuesta al siguiente interrogante: ¿qué harían si tuvieran su casa todo el día solo para ustedes? ¿cómo sería si pudieran construirla a su manera? ¿qué no harían si pudieran no hacer?

Me gusta:
- Hacer la cama, aunque nadie lo vea y vuelva a desarmarla la misma noche -típico argumento adolescente-, y agregar perfume entre las sábanas para que me reciba amistosamente;
- No dejar los platos sin lavar para el día siguiente (sí mamá, me gusta!);
- Estudiar en la mesa más que en la cama;
- Despertarme y poner una canción que me ponga del mejor humor, me haga cantar, saltar, querer conquistar el mundo y creerme capaz de hacerlo;
- Tomarme con calma la mañana y tomarme un mate con calma en la mañana;
- Matar un mosquito - pernilongo - polilla después de perseguirlo con la zapatilla- servilleta - repasador - mano. Sí, me siento poderosa. Me gusta el poder;
- Dormir con ruido de tormenta afuera.
- Animarme a cocinar para mí y que el resultado no sea simplemente un desastre, sino algo aceptable, que si me olvido de la comida de mi mamá y mi abuela y solo recuerdo la de la universidad de acá resulta hasta gourmet francés.

Quiero saber de ustedes! Anímense al diálogo! Me hace sentirlos más cerca...
En fin, hasta la próxima!

domingo, 28 de agosto de 2011

Madrugada en la selva


Mi convivencia con la pequeña fauna brasilera no es tan amable como pensaba...

I acto: Florencia estaba en la cama a punto de dormir, ya cerrándose sus ojos, ya confundiéndose la realidad con el tímido sueño. De pronto ve sombras desproporcionadas sobre el televisor, siente un cosquilleo y el cuerpo le pica. Prende la luz corriendo. Descubre cómo la polilla huye, y mientras se pregunta de qué tiene miedo (de qué tiene miedo el insecto, pero sobre todo, de qué tiene miedo ella) corre desprolijamente sobre la total superficie de la casa con la zapatilla como arma. Tras 3 o 4 pum errados, se esconde. Triunfo parcial de la polilla.

II Acto (20 minutos más tarde): Todas las luces prendidas. Florencia vigilando. Ya la vela anti pernilongo está prendida. No, no sabe aún qué es el pernilongo, porque cree no estar preparada para saberlo. La versión de 1 minuto para ganar brasilera también; sólo para tener más luces y engañarla y ganarle e irse a dormir con un triunfo más bajo sus tenis. El Raid sigue encendido, pero aparentemente a la única que le duele la cabeza es a ella. Juraría que ese otro bichito minúculo la mira, como si nada pasara, justo sobre la maquinita. Anotación mental: La próxima comprar algo más efectivo. Resultado final indeterminado. Todo está en juego aún.

III Acto: La polilla aparece en el escritorio. El momento crucial. El calor del vértigo. Tanto depende de este zapatillazo...

Lo hace, mirándola atentamente. Y por las dudas, aprieta la zapatilla, la mueve, la presiona.

Espera.

La levanta.

(silencio)

Allí yace el cuerpo de la polilla. ¿Quién habrá sido? ¿Qué pasará con su familia cuando note que no vuelve? ¿habrá querido decirme algo? ¿cuál sería su último deseo? ¿habrá sido Kafka? ¿habré matado una autoridad en el mundo de las polillas? ¿vengarán su muerte en la madrugada de mañana? (Anotación mental 2: deshacerme del cuerpo pronto).

Misión Cumplida.

Pero por las dudas,
me quedo mirando.

Pd. No quiero imaginar lo que será vivir en el Amazonas...

Dando nombre al blog...


El título no es una creación sino un robo. Pero como quien avisa no traiciona, reconozco la autoría de Pessoa dejándoles su poesía. Cierto es que no es brasileiro, pero planeo leerlo es su lengua. Tengo una buena intuición con él.







Viajar! Perder países!
Ser outro constantemente,
Por a alma não ter raízes
De viver de ver somente!


Não pertencer nem a mim!

I

r em frente, ir a seguir

A ausência de ter um fim,

E a ânsia de o conseguir!


Viajar assim é viagem.

Mas faço-o sem ter de meu

Mais que o sonho da passagem.

O resto é só terra e céu.

Advertencia

No busquen palabras importantes, grandes descubrimientos o hechos trascendentes. Habitarán aquí oraciones comunes y corrientes hechas de palabras hechas de letras, también comunes y corrientes. Las fotos no saldrán en revistas y posiblemente estén o fuera de foco o con poco brillo o descentradas, pero seguro imperfectas.

Ahora bien: si lo que intentan es compartir con Flor, también imperfecta, lo maravilloso de este viaje (y también lo no tan maravilloso), quédense conmigo. Fiquem em minha casa.

El proyecto aún es incipiente, y por lo tanto, incierto. Pero en principio se trata de no olvidarme lo que descubro y entiendo y aprendo. Lo que me sorprende. Si son pavadas importantes, disculpen la pérdida de tiempo. Pero si lo escribo es que para mí no lo son, y en definitiva, escribo primero para mí y después para ustedes, que en alguna medida llevo conmigo.

Las clases, los paseos, la vida en Brasil, la vida sola, los viajes, los fines de semana y los días de semana, los ratos, el portugués, lo divertido, lo divertidísimo, lo importante, lo chiquito. Todo tendrá su espacio en este espacio.

Hasta la próxima!