Que sea el mediodía y aún no sepas qué hacer para que las horas corran rápido, dado que la única cosa que se te ocurre hacer es la que menos querés porque es la que tenés que hacer (estudiar, claro), es algo al menos esperable. Y que te escriban por internet para invitarte a un recital de un anónimo -para mí- en un lugar desconocido con horario incierto, pero inmediato, también. Primera lección de San Pablo: Justo cuando creés que no hay nada o nadie o algo, eso aparece. Y no tímidamente, ni asomándose, ni con esfuerzo. Simplemente espera que te des vuelta para tomarte por sorpresa, salir a la superficie de pronto, y dejarse elegir. ¿O será que ella te elije vos?
En fin. La propuesta era viajar bastante para escuchar junto a un grupo de desconocidos una banda de reggae, cuyo recital según los entendidos, era histórico porque era la primera vez que estaban en Brasil. Dada la inexistencia de otros planes y envalentonada por la insistencia de mi amiga, acepté.
El viaje duró 4 horas. 2 horas para llegar al primer destino. 1 hora para esperar a otra compañera de grupo. Estaban (¿estábamos? solo por formar parte del status quo) preocupados de no conseguir entradas, dado que era gratis y popular. También estaban preocupados sobre cómo hacer para hacer pasar sus porros.
Se nos fueron uniendo personas, intercambistas de la USP (para todos ustedes que piensan que hay que ser correcto y aplicado para llegar aquí), con gustos y hábitos parecidos a todos menos a mí. Realmente la situación me parecía entre ridícula y chistosa.
En un momento, mientras escuchábamos el recital chiquito que nos preparaba al gran recital, rodeada de rastas y humo y olores y alcohol, pensé: Si pudiera volver a hacerme ¿Sería esta? Fue bueno responder que no. Sentí que aún gozaba de algo de salud mental. Sólo algo.
¿El recital? bueno. Pero no llegué a entender bien ni quién cantaba, ni quién tocaba, ni con quiénes charlaba (creo que a esa altura ni ellos sabían quiénes eran), ni qué hacía yo en ese antro un sábado en San Pablo. Cuando una partícula de materia de algún otro mugriento me tocaba, perdía la concentración y sólo pensaba en bañarme, la ducha, el agua, jabones, muchos jabones, shampués, tijeras, limpieza, dentífrico, olor a no olor, silencio, soledad, soledad, soledad, música clásica, Buenos Aires, más jabones, concentrarse en el jabón y el alcohol y la lavandina y sentirla y casi olerla y disfrutar de poder crear mi propia burbuja en mi espíritu darwinista de sobrevivir.
En fin. Lo hice (digo, sobrevivir).
Llegué a casa, me bañé, y me dormí.
Y juré que nunca más la excusa de probarme a mí misma bastaría para meterme en ese zoológico de reggae, humo y rastas.
Pd. Ni todos los recitales de reggae son así, ni todos los asistentes respondían al perfil, ni la situación presente -como siempre que es narrada- responde al hecho objetivo despojado de metáforas o narraciones-.
Eu entendi o que escriviste , mas não compreendi as razões de ter-lo escrito. Explique-me depois =)
ResponderEliminarMe hiciste acordar a mi primer viaje a Brasil con mi amiga. A me gustaba el hijo del dueño del hotel, un rubio divino. A mi amiga, su amigo surfer y musculoso. Una noche después de quedarnos a propósito en la recepción (sabiamos que el niño bien terminaba a las 11 pm de trabajar) nos invitó a salir. Pasó a buscarnos el surfer y partimos con rumbo desconocido. Apenas subimos sacaron un cuchillo gigante (y ahí nos asustamos como nunca, ya imaginaba los titulares con nuestros asesinados) Pero era para cortar la maconia (no entediamos nada de portugues). Los chicos andaban a alta velocidad por la ruta, queriendo ir a otra ciudad, entre los morros super sinuosos (ahí imaginaba otro titular, sobre nuestro accidente automovílistico).
ResponderEliminarDespués del corte y del armado se armaron un cigarro gigantesco y se lo fumaron ellos dos. Si, siempre se rien de las abstemias. Y allí comenzaron a manejar mucho peor!! Ahora temiamos que nos parara la policía y terminaramos todos en encerrados por la cantidad de plantitas que tenían. Nosotras, menores y pobres y ellos, los dueños hoteleros de la ciudad. (A esta altura ya me imaginaba el documental de Chiche sobre las turistas narco)
Al parecer la intención de los muchachos era llevarnos lejos para besuquearnos pero teníamos tal cara de horror que terminaron dejandonos de nuevo en el hotel!
Si, es la no anécdota donde nada pasa. Solo mis conflictos mentales.
Love U!