Hoy estaba pensando, ¿qué pasaría si yo no fuera mía sino del mundo? ¿que querría el mundo que hiciera con él y conmigo, de él y de mí?
No sé, si es que el cosmos pretende que ejerza mi rol natural de pieza minúscula e intrincada de rompecabezas apaciblemente, que se vaya olvidando. Podrán los chinos elegir su carrera o profesión según las necesidades de la Nación. Seguirán hombres y mujeres eligiendo buscar agradar al deseo de Dios. Pero yo he pensado y vivido y soñado demasiado, y ahora no puedo dejar de ser flor-céntrica (qué espanto) y leer el mundo desde mi propia clave de lectura. Y esperar yo algo de él. Y pedírselo. Y enojarme, cruzarme de brazos y no hablarle por un día o dos cuando me contradice. Tendría que dejar de importarme tanto a mí misma.
¿Será que uno construye sus propias explicaciones para darle sentido a esta vida que sin querer hacemos? Imposible de-construirme y volverme a hacer. Entonces mejor re-pensarme para inventar una cohesión a este manojo de vidas que conviven siempre en uno (y cada vez son más). No podré abandonar la ciencia política, Cortázar, los hidratos de carbono, la recurrencia al llanto, el mate o las palabras. Los abrazos. Ni que el mundo me lo pida. Ni que Dios me haya hecho para lo contrario. El creado se revela contra el creador, pero solo porque siente que sabe que sabe. Y si ella lo sabe, Dios también tiene que saberlo. Es que para que ella lo sepa Dios tuvo que saberlo antes. Y el mundo, también.
Buenas noches.
Mejor, Buen amanecer.
Pd. He llegado a ese momento de la noche luego de las 2 y antes de 7 donde la hora es cualquier hora y el sueño se transforma en cosquillas o brisa o una mariposa revoloteando.
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