miércoles, 21 de septiembre de 2011

El misterio del travesseiro y otras reflexiones

Es el segundo día seguido que sucede la misma secuencia: me dispongo a dormir, saco la almohada, la dejo en el borde de la cama, me duermo, pasa la noche, me despierto, siento la almohada sosteniendo mi cabeza, abro los ojos, miro el borde la cama, la almohada no está, miro aquello que me sostiene. La almohada me devuelve la mirada. El asombro. ¿alguien tiene alguna idea sobre lo que sucede en mi hogar?

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Para cruzar la calle en San Pablo una cosa usted tiene que saber: Antes de intentar cruzar recuerde mirar a la altura de su hombro al semáforo en cuestión, puesto que para que pueda hacerlo es muy probable que tenga que apretar fuerte un botón verde que le avisa al ocupado semáforo de sus necesidades como turista o mero ciudadano. Si lo olvida, probablemente haga como yo la primera semana y se quede esperando que el maldito semáforo cambie de color como por 5 o 10 minutos, hasta que alguien más atento o inteligente que usted lo apriete y lo haga quedar bien como la mona.


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Siguiendo la reflexión de ayer: Agrego oficialmente a aquello que ya no quiero más conmigo unas 400 fotos en Brasil que contienen un amor (sin contar las 1000 restantes que fueron tomadas en su compañía o presencia, pero lo mantienen tácito). Qué poco valiente soy. Del dicho al hecho -completen la frase solos-. Amén.

2 comentarios:

  1. Buen consejo el del semaforo! Borra lo que no te haga bien. La vida no lleva equipaje. Adios a lo viejo!!

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  2. hey, los botenes nunca funcionam hahah.Los da usp e da AV paulista si, pero en la maioria de las calles los san malditos como los semáforos haha.

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