jueves, 6 de octubre de 2011

Exámenes

La latente presencia de las Xerox (tácitas, porque siempre escondidas) me recordó desde el día 1 que estos días llegarían. Fueron tratadas con respeto demais: Viajaron en avión, conocieron Brasilia y Río -dos veces; las mismas-, se impregnaron de olor a bronceador y arena y mate. Nunca se sintieron solas, dado que venían conmigo a donde fuera que vaya. Mis fotocopias y yo, éramos casi una.

Quise confiar en el espíritu santo y sus 7 dones; sí, los 7, dado que con uno solo no podríamos tornar realidad el milagro. También experimenté el proceso de ósmosis. Dormí con las fotocopias en la mano. Leí de a dos renglones repitiéndome que lo hacía solo para que la información penetre profundamente en mi cerebro y nunca más se vaya. Intenté estudiar en la mesa, la cama, el centro de deportes de la Usp (en el árbol 1, 2 y 3, en orden cronológico, y también en las mesas, y en los bancos, y en la entrada...), la biblioteca, la casa de una amiga, un aula vacía, los bancos de mi facultad. Probé el formato papel, Pdf y Word. También apliqué el google traductor en casos de extrema emergencia. Nada.

Y cuando digo Nada, quiero decir, de verdad, no les miento, se los juro, NADA. El proceso para mis exámenes fue básicamente el mismo: enunciar y anunciar el proceso de estudiada, pero nunca volverlo realidad. O volverlo, 4 días antes. Desesperada. Repitiéndome que soy mala estudiante, representante de la UBA, intercambista, ciudadana y por qué no ser humano. Sin dormir. Leyendo a la velocidad de la luz para compensar dos meses en 4 días. Haciendo esos malditos resúmenes de los que uno es preso para estudiar (los resúmenes lo hacen a uno, y no al revés).

Fueron exámenes presentables. Creo. Posiblemente pasen al olvido, morirán en esas hojas (estas, que al final del post incluyo). Nadie las recordará; al menos yo intentaré no hacerlo, y espero por el bien de sus capacidades cognitivas que los profesores no lo hagan.

Oficialmente, sobreviví. Y contesté todas las preguntas, hasta las no-pensadas para extranjeros (¿cómo recordar la distribución de votos en la ciudad de San Pablo a razón de sus 55 distritos y características geográficas?). Los exámenes duraron 4 horas. Usé las 4. Pude escribir en español. Pero tuve que estudiar en portugués. Todo un descubrimiento.

No se preparan los exámenes en tus hojas, sino en unas que te da la universidad oficialmente aceptadas -quienes quieran copiarse, abstenerse-. Les dejo una foto de mi borrador de Política Externa Brasileira, que quedó conmigo. Hay lugar hasta para la nota. Y por si tienen curiosidad, las consignas (Ye y Flor, colegas, especialmente!)

Ahora, Libertad. Y la eterna promesa en un nuevo día 1 de leer a tiempo, preparar los resúmenes, memorizar los datos, no pasear las hojas, evitar el Facebook, ser rigurosa en estudio y profundidas, revalidar el merecimiento de este intercambio y convertirme en una buena mujer y decente ciudadana. Amén.




Pd. Se aprueba con 5/10. Gente de la UBA, llore.

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