martes, 15 de noviembre de 2011

Longe

Cuando compré esta vela con aroma de rosas era la misma pero era tan otra. No se trata sólo de ser distinta; es también estar lejos, es la distancia de tiempo y lugar, pero sobre todo, de tiempo. Escucho esta canción que dice "Não dá mais pra voltar / e eu nem me despedi", y pienso en por qué no se supone que uno merece antes de dejar ir a una parte de uno mismo despedirse con un abrazo o un apretón de manos, agradecerle, no sé, recordarle que gracias a que fue parte de uno ahora seguirá siéndolo aunque tenga que dejarlo ir. Y sin embargo, sigue encaprichado en irse mientras uno duerme -o vive- dejando una notita y un agujerito a llenar. Pero se nota. De verdad, es inevitable ver que es un agujerito rellenado. Y el mero relleno le recuerda a uno que eso no es lo que era, que lo que era no volverá a ser. Me pregunto cómo quedará el corazón después de muchos años, tras una larga vida. ¿Seguiré teniendo esta fiel memoria? ¿quién me enseñó esta nostalgia que me acompaña desde hace tanto, que hoy odio, que hoy me enoja y no me deja ser (o no me deja no ser)? ¿será que ella también se irá sin despedirse algún día? ¿por qué no puedo olvidar? ¿por qué no puedo negar el pensamiento y simplemente vivir?

Entré a esa tienda que prometía alegrías el minuto inmediatamente después de correr dos cuadras a un taxi que lo llevaba al aeropuerto. Aún sabía a los besos ventanilla de por medio, y repetía las promesas hechas esos últimos segundos para aprenderlas de memoria. Si pudiera avisarle hoy a esa Flor que creía en ese amor que no crea, que no llore, que no corra, que no sienta. Que olvide, desde ese mismo día que empiece a olvidar.

Pero ahí va -ahí voy-, caminando por un barrio de otra ciudad de otro país buscando una velita de esas con olor rico que a ella tanto le gustan porque cree que está hecha de flores y entonces esos perfumes le recuerdan algún lugar en el que estuvo porque de donde viene (todos venimos de un otro lugar, ¿no?). La compra mientras llora con ruido, no le importa que la vean, no la conocen -ni siquiera la conocen muchos que creen conocerla-. Y ese momento es de ella, solo de ella, y puede el mundo hacer del mundo lo que quiera porque ya nada importa. Así de ingenua era.

Por que é que você foi / Não quero te esquecer. Y ni siquiera puedo odiarte para convivir con el recuerdo en paz. Y ese presente que ya no es empieza a guardar para sí los detalles más chiquitos, los horarios, la ropa que llevábamos puesta, el nombre de la calle, las palabras exactas. Hasta la voz (no soporto la idea de empezar a olvidar tu voz). Me niego a olvidar y sin embargo quiero olvidar y sin embargo cuando comienzo a olvidar por estar tan lejos me niego a olvidar lo que ya estoy olvidando. Lo que ya nunca podré recordar. Lo que ni las 400 fotos que guardo de esos días podrán devolverme. Recuerdo a Funes el memorioso, y entiendo, nuevamente entiendo, cuan necesario es Borges para vivir. Cuan importante es olvidar para vivir.

Esta noche mientras veo esa vela seguir consumiéndose recuerdo la ingenuidad al haberla comprado, el tanto por vivir que gracias a Dios sigo viviendo, lo diferente, lo errada, lo enamorada que estaba. Me recuerdo hasta más chiquita. Con seguridad, con más miedo. Y el corazón menos roto. Mucho menos deshecho.

Pensé que la vela se consumiría antes de volver. Ahora entiendo cuan equivocada estaba: ni la vela terminará de consumirse -de ser, de dar-, ni yo volveré. Tomaré un avión que se supone me dejará en el mismo lugar donde empezó esto. Pero no volveré. Estoy demasiado lejos para volver. La vela seguirá siendo antes y después de mí. Y yo seguiré siendo antes y después de él. Pero jamás volveré a ser.

E a Terra está tão longe…

Pd. Reconocer que no puedo no pensar y no puedo no escribir me hace reconocerme. Y eso sí da paz.

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