martes, 27 de septiembre de 2011

Noche Bis

Hoy estaba pensando, ¿qué pasaría si yo no fuera mía sino del mundo? ¿que querría el mundo que hiciera con él y conmigo, de él y de mí?

No sé, si es que el cosmos pretende que ejerza mi rol natural de pieza minúscula e intrincada de rompecabezas apaciblemente, que se vaya olvidando. Podrán los chinos elegir su carrera o profesión según las necesidades de la Nación. Seguirán hombres y mujeres eligiendo buscar agradar al deseo de Dios. Pero yo he pensado y vivido y soñado demasiado, y ahora no puedo dejar de ser flor-céntrica (qué espanto) y leer el mundo desde mi propia clave de lectura. Y esperar yo algo de él. Y pedírselo. Y enojarme, cruzarme de brazos y no hablarle por un día o dos cuando me contradice. Tendría que dejar de importarme tanto a mí misma.

¿Será que uno construye sus propias explicaciones para darle sentido a esta vida que sin querer hacemos? Imposible de-construirme y volverme a hacer. Entonces mejor re-pensarme para inventar una cohesión a este manojo de vidas que conviven siempre en uno (y cada vez son más). No podré abandonar la ciencia política, Cortázar, los hidratos de carbono, la recurrencia al llanto, el mate o las palabras. Los abrazos. Ni que el mundo me lo pida. Ni que Dios me haya hecho para lo contrario. El creado se revela contra el creador, pero solo porque siente que sabe que sabe. Y si ella lo sabe, Dios también tiene que saberlo. Es que para que ella lo sepa Dios tuvo que saberlo antes. Y el mundo, también.

Buenas noches.
Mejor, Buen amanecer.

Pd. He llegado a ese momento de la noche luego de las 2 y antes de 7 donde la hora es cualquier hora y el sueño se transforma en cosquillas o brisa o una mariposa revoloteando.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Noche de estudio y frustración (de estudio, y frustración...)

Cerrar los ojos para poder estar donde quieras, imaginarte en otro mundo justo cuando el de ahora parece estar gobernándote, haciendo con uno lo que se le da la gana. No se confundan: el dónde no es dónde sino cómo. Creanme que hoy no es un buen fluir del río. No me pidan que me abandone a la corriente. A veces simplemente no puedo dejar de ser yo. Lo bueno es que arreglo mis karmas y fantasmas con la almohada y el mate de la mañana me recibe como si nada hubiera pasado. Es como un pacto con mi cosmos.
...

Por qué será que cuando lo necesitás junto con tu cerveza de casi madrugada y tus apuntes no está, y no hay infinito que pueda llenar este agujero (cubrirlo siempre, pero digo que para mentiras ya está el mundo). No es distinto porque es hoy y acá. Hay conceptos fatalmente universales. Y milagrosamente, también. Ni les cuento de lo universal de un abrazo. Será que hoy necesito un poquito de amor. O de cariño. O aunque sea un no me da lo mismo si estás o no en este mundo que habitamos juntos. Un construir un lindo momento, aceptando lo chiquito e imperceptible y fugaz e imperfeto y presente y eterno. Pero disfrutándolo. Sentirse una partícula de universo lo hace entender a uno lo poco que importa su vida. Y sin embargo, cuánto me importa ser feliz, carajo.

Paso a paso. Y cuando esté cansada parar. Pero vencer hasta el cansancio. Aunque mi imperativo categórico kantiano luche por no permitirlo. Por ahora elecciones en Sao Paulo, 1976, identidad ideológica, ARENA, MDB y cuanto concepto se presente ante mis anteojos. Que venga. Mañana volveré a navegar contra corriente si eso es lo que hace falta. Pero dejarme conquistar sin que antes me sea pedido el debido permiso, jamás.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Sentimiento suelto

Es todo un desafío para el corazón notar que irremediablemente dejás atrás tantas cosas al dejar de ser lo que eras (incluso personas). Cuesta desatar la cuerda para navegar, y entender que solo uno debe decidir el rumbo...

Cuando más grande es la ciudad, más solo se siente uno cuando la soledad visita. Pero más dueño de sí, también. Aunque cueste lágrimas hacerse cargo de semejantes verdades.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El misterio del travesseiro y otras reflexiones

Es el segundo día seguido que sucede la misma secuencia: me dispongo a dormir, saco la almohada, la dejo en el borde de la cama, me duermo, pasa la noche, me despierto, siento la almohada sosteniendo mi cabeza, abro los ojos, miro el borde la cama, la almohada no está, miro aquello que me sostiene. La almohada me devuelve la mirada. El asombro. ¿alguien tiene alguna idea sobre lo que sucede en mi hogar?

...


Para cruzar la calle en San Pablo una cosa usted tiene que saber: Antes de intentar cruzar recuerde mirar a la altura de su hombro al semáforo en cuestión, puesto que para que pueda hacerlo es muy probable que tenga que apretar fuerte un botón verde que le avisa al ocupado semáforo de sus necesidades como turista o mero ciudadano. Si lo olvida, probablemente haga como yo la primera semana y se quede esperando que el maldito semáforo cambie de color como por 5 o 10 minutos, hasta que alguien más atento o inteligente que usted lo apriete y lo haga quedar bien como la mona.


...

Siguiendo la reflexión de ayer: Agrego oficialmente a aquello que ya no quiero más conmigo unas 400 fotos en Brasil que contienen un amor (sin contar las 1000 restantes que fueron tomadas en su compañía o presencia, pero lo mantienen tácito). Qué poco valiente soy. Del dicho al hecho -completen la frase solos-. Amén.

martes, 20 de septiembre de 2011

Sólo un grano de sal en el mar del cielo

¿Cuántas veces sentí que tenía ante mí el fin del mundo -de ese mundo, que es tantos-, de todo lo conocido, de todo lo que viví? ¿Cuándo fue la última vez que supe que aunque quisiera no podría volver atrás para recomenzar el camino? ¿Cómo sentirme al notar que hasta olvidé el camino de regreso?

¿Cuántas yo dejé ir? ¿Cuántas nunca conoceré?

Últimamente me persigue esta sensación profunda y de vértigo que pese a mis esfuerzos no puedo ignorar. Es un sabor que vuelve, un ruido que recuerda, una certeza que tímida se asoma. Es esta sensación poderosa y firme de saberme cada vez más otra. Saber que aunque volveré al mismo lugar el lugar será distinto porque no podré recuperarme. Y no es que quiera hacerlo; sólo temo al saber que aunque un día quiera no podré. Es el no poder aún sin quererlo. Es el que me sea prohibido. Entender que la vida va hacia adelante, de lunes a martes, de primavera a verano, de 23 a 24 y de ahí a 25, y de ahí al infinito. Pero saber que tiene un final. Y a medida que el infinito más se acerca, más olvido el comienzo. Saberme cada vez más dueña de mí y más lejos de aquello que me protegía. Saber que seré yo misma mi refugio y mi conquista, mis ráfagas, mi lluvia, mi sol, mi amanecer y mi universo. De día a noche, pero después, saber que siempre después, de noche a día, de lunes a martes, de primavera a verano. Que la oportunidad te mire a los ojos impaciente y saber que si no la abrazás morirá en tu ignorar. Pero vendrá otra. No poder con la ansiedad de todo lo perdido, pero entender, después de tanto tiempo, finalmente, entender, que hay que estar liviano para viajar y vivir y avanzar. Que de nada sirven mi colección de revista ñ, cartas de la infancia y adolescencia, cuadernos del secundario, tickets de cine, recuerdos de cuando me amaron, señaladores en los libros. Ni siquiera los libros. Nada de todo lo que atesoro entra en esa valijita en que solo cabe mi corazón.

Sentir que esto puede ser el fin de todo. Porque es el comienzo de algo tan grande que simplemente no queda espacio para nada más. Afrontar el desafío de curar mi sistemática nostalgia y apego al pasado para tratar de no perderme esta extraordinaria vida que pasa frente a mí, por volver a mirar mi colección de pedazos del pasado. Sentir que dejo ir una parte constitutiva de mí, y quizás con ella, me esté yendo yo misma. Llorar, llorar y llorar más. Olvidar hasta por qué estoy llorando. Sentir que quizás sea para limpiar esto que soy dentro. Pero estar tranquila porque este ejercicio es una acción afirmativa hacia el presente y hacia el futuro. Subir a lo más alto de lo alto para abrir los brazos, juntar los pies y saltar. Cerrar los ojos y dejar de conformarme con sentir tierra bajo los pies. Afrontar de frente hasta al viento, que cada vez más rápido barre lo que era mientras más me acerco al abismo. Amigarme con lo desconocido. Y con la soledad. Entender que nunca más seré la que era. Celebrar el que así sea. Esperar mi próximo día sabiendo que no sé nada de él. Y dormir tranquila.

Ser mi hogar. No mentirme. Elegir. Acostumbrarme a mudar de piel con cada estación. Y agradecer el poder hacerlo. Mirar al universo a los ojos y no dejarme intimidar. Sentir que es el momento de celebrar lo desconocido de mi futuro para vivir intensamente estoy que hoy soy y eso que puedo ser. Y saber que cuando vuelva tampoco seré esta, pero le guardaré el cariño que me merece. Sentir que me vuelvo cada vez más grande. Reconocerme en los errores y cansancios. Aprender que aquello que imaginamos nunca será como lo imaginamos. Dejarme sorprender. Sonreír solo por despertar. Repetirme que ninguna vida se hizo de días solo buenos. Repetirme que las palabras más bellas se hicieron del dolor, y quizás hasta las vivencias más bellas sean hechas de lo mismo. Entender que el camino va siempre hacia adelante. Recordar que si no estoy liviana no podré subir al tren, atravesar las nubes y llegar al centro del universo. Entender cuán dueña soy de mí. Agradecer a la vida lo salvaje e intenso e inabarcable. Agradecer a Dios estar acá, lejos de todo, hasta de mí misma, para volver a hacerme y vivir profundamente. Para abrazar esta tímida oportunidad que extiende su mano esperando convertirse en algo. Atraversarla, llenarla de mí y hacerle imposible que me olvide. Dejar de mirar las raíces para comenzar a trepar, para llegar a estar más cerca del cielo...


Pd. Mientras escribía escuchaba una y otra vez Somewhere only we know, de Keane.
pD2. La foto fue tomada un miércoles al mediodía en Plaza de Luz.
Pd3. Si pudieran deshacerse de una parte de sí mismos, para dejarla en este mismo texto que es en realidad un baúl donde puede descansar... ¿cuál sería?

jueves, 15 de septiembre de 2011

Sobre la subjetividad de lo extraordinario

En fin. Podría contarles que estoy disfrutando de un Congreso sobre MERCOSUR (el FOMERCO, quien sea ávido de más información puede aprovechar las ventajas de la omnipresente Internet) lejos de todo pero bien cerca de eso que a uno parece hacerle feliz. Quizás hasta lo haga.

Pero por algún motivo me parece más divertido contarles sobre cómo me sorprende bajar del metró en estación Botafogo en la ciudad más linda que he conocido en mi breve y sedentaria vida -Río, dónde más- y descubrir que aquello que a uno le resulta sorprendente, extraordinario o maravilloso para otros puede ser simplemente parte de la vida.

Un hombre de unos 60 anhos en ojotas y pantalón corto con las bolsas del supermercado y la mirada apagada me mira, y yo no puedo dejar de pensar si notará en mi la ingeniudad de quien no pertenece a este ciudad y cree empezar a conocerla en su apenas segundo viaje. Fico aislada del mundo, la verdad, porque el Congreso dura de 8.30 a 21 cada día y es frente al Maracaná, o sea, bien lejos de la playa y la gaviota y esa imagen que las postales nos ensenhan, pero, como sea, no dejo de sonreir cuando me asomo entre teoría de integración y teoría de integración y veo el morro mirándome, ahí quietito, esperando que me escape. Yo lo hago aunque nadie se de cuenta, me voy volando como esa gaviota y planeo por encima solo para verlo más chiquito y abarcable.

Haciendo mi pesquisa de campo un maestrando me dice que olvida donde vive salvo los sábados que alguien lo invita a pasar el tiempo en la playa. Cómo hacer para dejar al tiempo hacer acá, no lo sé. Yo simplemente trato que me atraviese para volver llena de viento y lluvia y olor a mar -lo del viento y la lluvia no exagero, por suerte traje mi guarda chuva-.

¿Podrían acostumbrarse a esto ustedes? Yo, creo que no podría dejar de sorprenderme. Y sin embargo, recién un mes y medio de haber llegado ya siento que una parte de mi pertenece acá, que amanecer en San Pablo es tan familiar y conocido como en Buenos Aires. Lo único distinto son los mates.

Hasta la próxima, ya no desde Río, sino desde el mundo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Al Reggae del Opus en 24 horas (II Parte)

Pasado ya un tiempo prudente, con la doble intención de generar expectativa en la audiencia y permitirme disfrutar la semana de vacaciones sin licencias poéticas, vuelvo a contarles al final de mis 24 horas.

Que sea el mediodía y aún no sepas qué hacer para que las horas corran rápido, dado que la única cosa que se te ocurre hacer es la que menos querés porque es la que tenés que hacer (estudiar, claro), es algo al menos esperable. Y que te escriban por internet para invitarte a un recital de un anónimo -para mí- en un lugar desconocido con horario incierto, pero inmediato, también. Primera lección de San Pablo: Justo cuando creés que no hay nada o nadie o algo, eso aparece. Y no tímidamente, ni asomándose, ni con esfuerzo. Simplemente espera que te des vuelta para tomarte por sorpresa, salir a la superficie de pronto, y dejarse elegir. ¿O será que ella te elije vos?

En fin. La propuesta era viajar bastante para escuchar junto a un grupo de desconocidos una banda de reggae, cuyo recital según los entendidos, era histórico porque era la primera vez que estaban en Brasil. Dada la inexistencia de otros planes y envalentonada por la insistencia de mi amiga, acepté.

El viaje duró 4 horas. 2 horas para llegar al primer destino. 1 hora para esperar a otra compañera de grupo. Estaban (¿estábamos? solo por formar parte del status quo) preocupados de no conseguir entradas, dado que era gratis y popular. También estaban preocupados sobre cómo hacer para hacer pasar sus porros.

Se nos fueron uniendo personas, intercambistas de la USP (para todos ustedes que piensan que hay que ser correcto y aplicado para llegar aquí), con gustos y hábitos parecidos a todos menos a mí. Realmente la situación me parecía entre ridícula y chistosa.

En un momento, mientras escuchábamos el recital chiquito que nos preparaba al gran recital, rodeada de rastas y humo y olores y alcohol, pensé: Si pudiera volver a hacerme ¿Sería esta? Fue bueno responder que no. Sentí que aún gozaba de algo de salud mental. Sólo algo.

¿El recital? bueno. Pero no llegué a entender bien ni quién cantaba, ni quién tocaba, ni con quiénes charlaba (creo que a esa altura ni ellos sabían quiénes eran), ni qué hacía yo en ese antro un sábado en San Pablo. Cuando una partícula de materia de algún otro mugriento me tocaba, perdía la concentración y sólo pensaba en bañarme, la ducha, el agua, jabones, muchos jabones, shampués, tijeras, limpieza, dentífrico, olor a no olor, silencio, soledad, soledad, soledad, música clásica, Buenos Aires, más jabones, concentrarse en el jabón y el alcohol y la lavandina y sentirla y casi olerla y disfrutar de poder crear mi propia burbuja en mi espíritu darwinista de sobrevivir.

En fin. Lo hice (digo, sobrevivir).
Llegué a casa, me bañé, y me dormí.

Y juré que nunca más la excusa de probarme a mí misma bastaría para meterme en ese zoológico de reggae, humo y rastas.

Pd. Ni todos los recitales de reggae son así, ni todos los asistentes respondían al perfil, ni la situación presente -como siempre que es narrada- responde al hecho objetivo despojado de metáforas o narraciones-.

martes, 6 de septiembre de 2011

Para calmar ansiedades

Dado que varios me pidieron el final del relato, pero me estoy por ir a un Museo del que luego les contaré, dejo una canción que sirve para olvidar penas y salir al mundo con una sonrisa!


La letra de Do Lado de cá es:
(NotadeR: No esperen un Borges. Es bien simple y efectiva!)
(NotadeRII: A mi favor, Borges no era muy feliz tampoco)

Se a vida às vezes dá uns dias de segundos cinzas
E o tempo tic-taca devagar
Põe o teu melhor vestido,
Brilha teu sorriso
Vem pra cá,
Vem pra cá

Se a vida muitas vezes só chuvisca, só garoa
E tudo não parece funcionar
Deixa esse problema à toa
Pra ficar na boa
Vem pra cá

Do lado de cá,
A vista é bonita,
A maré é boa de provar
Do lado de cá,
Eu vivo tranqüila
E o meu corpo dança sem parar
Do lado de cá,
Tem música, amigos
E alguém pra amar
Do lado de cá

Se a vida às vezes dá uns dias de segundos cinzas
E o tempo tic-taca devagar
Põe o teu melhor vestido,
Brilha teu sorriso

Vem pra cá,
Vem pra cá
Se a vida muitas vezes só chuvisca, só garoa
E tudo não parece funcionar
Deixa esse problema à toa
Pra ficar na boa
Vem pra cá

Do lado de cá,
A vista é bonita,
A maré é boa de provar
Do lado de cá,
Eu vivo tranqüila
E o meu corpo dança sem parar
Do lado de cá,
Tem música, amigos

E alguém pra amar
Do lado de cá

A vida é agora
Vê se não demora Pra recomeçar
É só ter vontade
De felicidade
Pra pular

Do lado de cá,
A vista é bonita,
A maré é boa de provar
Do lado de cá,
Eu vivo tranqüila
E o meu corpo dança sem parar

Do lado de cá,
Tem música, amigos
E alguém pra amar
Do lado de cá

A la noche termino lo que dejé sin terminar!
Até mais! (os espero do lado de cá...)

domingo, 4 de septiembre de 2011

Anotaçao para lembrar

El universo de la escritura lleva V corta (simple memotécnica para aprender 4 palabras en una):
  • Escrever
  • Livros
  • Palavras
  • Livraria
Excepción: Biblioteca; no quiero que nadie escreva vivlioteca por mi culpa :)

Del Opus al Reggae en 24 horas

Este es el relato de cómo del viernes a la noche al sábado a la noche, con la excusa desmedida de buscar aquella parte de mí que me espera en San Pablo, llegué a cenar en un grupo femenino de estudios del Opus Dei y a compartir un recital de reggae con gente de rastas, mugre y cigarros.

Primera Parte-
Viernes
El aula de mi clase de las 5 estaba vacía, y tras firmar mi asistencia, vi el fin de semana ante mí, presentándose, obligándome a salir de mi sedentaria quietud de ama de casa novata para explorar las inmensidades del afuera paulista.

Una compañera de Política Externa Brasileira me invitó a una "Cena con amigas", y como era el mejor plan posible, acepté. Al principio sólo vi una residencia de estudiantes mujeres muy pulcra y amable. Con las fotos de la Jornada Mundial de la Juventud y las charlas sobre el Papa supe que eran católicas. Sabía que había algo que no sabía. Era casi una intuición y casi una certeza.

En alguna parte de la noche empezaron a hablar de Escrivá de Balaguer. Claro que, como todo era en portugués porque yo era la única extranjera, siempre me faltaba algo que entender (creo que ese algo era lo más importante). Querían saber de mí. Me contaban sus actividades -muy loables y necesarias, por cierto-. Me pidieron si podía ir a hablar un día de educación argentina, o enseñarles a cocinar algo típico. La comida era muy rica. Definitivamente era muy atentas conmigo. Agradecí que lo sean. Les dije de mi paso por Acción Católica, conocí el oratorio -hermosísimo- y hasta me dieron ganas de acercarme más a esa parte de mí. No dejaba de sorprenderme el hermetismo. Parecía una isla dentro de una ciudad, creada para protegerse del afuera y reproducir más el adentro.

Cuando me fui, me invitaron a las actividades del sábado. Dije que no sabía si podía. Sabía que si quería podía pero no sabía si quería hasta no entender esa parte que no entendía.

Llegué a mi casa. Abrí el google. Supe en qué me había metido (un grupo hecho y derecho del opus dei, por si aún tienen alguna duda).

El saldo de mi hazaña no es menor: En solo un día 4 llamadas perdidas, 4 mensajes, una propuesta a hacer un "trabajo universitario" para presentar en Roma. Ignoré los llamados y me ofrecí a ayudar en lo que quiera a mi amiga (que es muy buena y divertida, aunque "olvidó" avisarme algo de su casual "reunión con amigas") con su trabajo, pero me negué a hacer uno propio. Espero no volverme víctima de persecuciones ultra católicas en Brasil.

Si dejo de escribir este blog, por favor intenten contactarse conmigo. Puede que haya dejado mi pasado de pecadora- católica progre- universitaria para volcarme a la ardua tarea encuentro con Dios.

Próximo Capítulo: Sábado en la periferia (y reflexión final).