jueves, 27 de octubre de 2011

Una quinta que puede ser cualquier otro día

Una de las cosas que más me sorprende es descubrir cómo uno empieza a descansar en el sentido más profundo del término cuando se lo permite. Nunca supe que tenía tanto cansancio dentro de mí, y sin embargo, creo que estoy recuperándome de años, y se siente tan bien y tan liviano y tan necesario. Despertar de una siesta a la sombra de un árbol en el centro de deportes, mientras el sol alrededor da ese calor que a uno lo abriga, y los pajaritos cantan, y de pronto cae una hoja del árbol justo sobre la palma de mi mano abierta, y solo atino a cerrarla porque quiero adueñarme para siempre de esa tarde y estos momentos. Entender la palabra libertad como nunca la entendí en mi vida.

Sé que volveré a estos recuerdos cuando necesite saber de qué estamos hechos los hombres. Y si uno sufre más o ríe más o vive más es porque hay que llegar bien al núcleo de uno mismo para poner el kilometraje en cero. Haciéndose cargo de lo andado, pero con la energía necesaria para volver a empezar. Siento que nada ni nadie puede hacerme caer del todo. Sé que tengo ante mí el infinito universo esperándome. Y mejor aún, sé que puedo verme sin miedo y soñar y planear con la ilusión de alguien que tiene el corazón entero. Será que hay que deconstruirse para hacerse tan fuerte.

Hoy me siento positiva, creo que pueden notarlo. Me voy para Curitiba, luego les contaré de los viajes. Es que como dijo una queridísima amiga, estoy en esa etapa de menos palabras y más fotos. Vengan conmigo en la valija; saben que los llevo adonde vaya...

domingo, 16 de octubre de 2011

Un papel en un libro.

Que sean las dos de la mañana y mientras leías un libro que compraste y nunca habías tenido tiempo de leer (hasta hoy, cuando la carencia de sueño te hizo apelar a su fiel compañía) pases de página para continuar la historia de Horácio y la billetera, y en vez de esa trama, te sorprenda un papel cualquiera con su desprolija caligrafía y su intempestivo recuerdo.

No poder hacer más nada. Que te quite el sueño y te devuelva el fantasma de lo que no fue, ese que por un momento habías creído que empezaba a difuminarse en el aire. Leer las instrucciones escritas en la hoja para llegar a casa, y preguntarse, con el corazón abierto, por qué nunca te dio las instrucciones para vivir esto. Porque nadie le enseña a uno a sufrir como Dios manda y pasar de página, no a esa donde un recuerdo te paraliza, sino la que repite que la historia continúa.

Necesitar un abrazo, estar sola en la casa y aprender que esto es vivir y crecer. Llorar, apretar el send para inmovilizar lo escrito, cerrar la tapa de la computadora y dormir aún en el pensamiento. Y despertar.

viernes, 14 de octubre de 2011

En el cielo las estrellas...


Y un día, quién sabe cómo, estaba volviendo de la universidad, ya era de noche, cargaba mis apuntes, sentía el llover casi como quien siente al aire ser aire, respiraba con anormal normalidad, respiraba sin suspirar, pensaba en lo inmediato y menos abstracto, me sentía más simple y unidimensional que nunca, hacía la lista de las compras, hacía el cronograma de estudio, y entonces, ahí, un día, quién sabe cómo.

Sí. Quién sabe cómo, un día, mientras otros seres y otras almas levantaban la vista para ver en las mismas nubes del atarceder-casi noche un conejo o un auto o un corazón o el número ideal para jugar a la lotería, yo las ví, sí, quién sabe cómo. Eran las Islas Malvinas. Ellas, las mísmisimas. Las vi y ellas me vieron, y sentí la patria tan obviamente sobre mí, mirándome, lloviéndome encima. Las Islas Malvinas vinieron a mis nubes y yo me sentí tan patriota y la vez tan enferma de gripe o locura. ¿Desde cuándo donde la gente ve conejos o números yo veo un territorio nacional perdido? ¿Seré siempre tan irremediablemente diferente? ¿Será que somos todos tan diferentes pero solo yo me animo a escribirlo?

En el cielo las estrellas, en el campo las espinas. Y en el fondo de mi pecho, la República Argentina (pero que me deje ser unidimensional solo por un momento, ¿está bien?)

lunes, 10 de octubre de 2011

Cosas (casi) universales


Debo reconocer que llegar a otro país y no encontrar pequeños rastros de nuestra identidad nacional es desalentador. Sobre todo, si uno lo busca en las góndolas del supermercado o en la televisión. Con el tiempo, sin embargo, fui dándome cuenta que algunas cosas que parecían bien argentinas son casi universales, o por menos, tan de ellos como nuestras. En las siguientes líneas un pequeño listado de aquellas cosas que a uno lo hacen sentir en otro lugar, pero bien cerca:

  • Sonhos de doce de leite: No, el dulce de leche no es el mismo. Pero encontrar algo que se le parezca, por ahora resulta suficiente. En la panadería de mi supermercado Violeta venden algo que nacionalizándolo podría llamarse factura de dulce de leche o crema pastelera. Se vende por peso, pero cada uno cuesta aproximadamente 0,90 centavos de Real. Lo vale.
  • Productos Pullman: El nombre puede resultar confuso, pero ver al famoso osito de la panificación con la inconfundible B en su sombrero de chef, a uno lo tranquiliza. El oso Bimbo perdió su nombre pero no resignó su inicial.
  • Publicidad de Tang: Prepará, tomá y hacé (o, o, o). En fin, por motivos evidentes la canción no iba a ser igual, pero "Preparou, bebeu, faz" muda de tiempos verbales y ritmo musical para volverse hasta más divertida. Una banda de mocosos raperos mostrándole al mundo que mucho juguito pero poca acción. Me convencieron. Soy TAN blanco de publicidad.
  • Quase Anjos: No precisa traducción, creo. Tiago, Jazmín, Rama, Ceú (Cielo), etc. Un mismo programa, doblado al portugués. Lo pasan de lunes a viernes a las 9. La temporada 3. Aparentemente tiene algo de éxito. A mi me resulta simplemente curioso. Y si de confesiones de trata, reconozco que hoy lo he visto y todo. Que para crecer tengo tiempo.

Hay mil ejemplos más. Por ahora, les dejo el link del himno Tang para que se diviertan un rato: http://www.youtube.com/watch?v=VyOWmz3EAKY&feature=related

Y la foto de quase anjos, a ver si les suena de algún lado:



jueves, 6 de octubre de 2011

Exámenes

La latente presencia de las Xerox (tácitas, porque siempre escondidas) me recordó desde el día 1 que estos días llegarían. Fueron tratadas con respeto demais: Viajaron en avión, conocieron Brasilia y Río -dos veces; las mismas-, se impregnaron de olor a bronceador y arena y mate. Nunca se sintieron solas, dado que venían conmigo a donde fuera que vaya. Mis fotocopias y yo, éramos casi una.

Quise confiar en el espíritu santo y sus 7 dones; sí, los 7, dado que con uno solo no podríamos tornar realidad el milagro. También experimenté el proceso de ósmosis. Dormí con las fotocopias en la mano. Leí de a dos renglones repitiéndome que lo hacía solo para que la información penetre profundamente en mi cerebro y nunca más se vaya. Intenté estudiar en la mesa, la cama, el centro de deportes de la Usp (en el árbol 1, 2 y 3, en orden cronológico, y también en las mesas, y en los bancos, y en la entrada...), la biblioteca, la casa de una amiga, un aula vacía, los bancos de mi facultad. Probé el formato papel, Pdf y Word. También apliqué el google traductor en casos de extrema emergencia. Nada.

Y cuando digo Nada, quiero decir, de verdad, no les miento, se los juro, NADA. El proceso para mis exámenes fue básicamente el mismo: enunciar y anunciar el proceso de estudiada, pero nunca volverlo realidad. O volverlo, 4 días antes. Desesperada. Repitiéndome que soy mala estudiante, representante de la UBA, intercambista, ciudadana y por qué no ser humano. Sin dormir. Leyendo a la velocidad de la luz para compensar dos meses en 4 días. Haciendo esos malditos resúmenes de los que uno es preso para estudiar (los resúmenes lo hacen a uno, y no al revés).

Fueron exámenes presentables. Creo. Posiblemente pasen al olvido, morirán en esas hojas (estas, que al final del post incluyo). Nadie las recordará; al menos yo intentaré no hacerlo, y espero por el bien de sus capacidades cognitivas que los profesores no lo hagan.

Oficialmente, sobreviví. Y contesté todas las preguntas, hasta las no-pensadas para extranjeros (¿cómo recordar la distribución de votos en la ciudad de San Pablo a razón de sus 55 distritos y características geográficas?). Los exámenes duraron 4 horas. Usé las 4. Pude escribir en español. Pero tuve que estudiar en portugués. Todo un descubrimiento.

No se preparan los exámenes en tus hojas, sino en unas que te da la universidad oficialmente aceptadas -quienes quieran copiarse, abstenerse-. Les dejo una foto de mi borrador de Política Externa Brasileira, que quedó conmigo. Hay lugar hasta para la nota. Y por si tienen curiosidad, las consignas (Ye y Flor, colegas, especialmente!)

Ahora, Libertad. Y la eterna promesa en un nuevo día 1 de leer a tiempo, preparar los resúmenes, memorizar los datos, no pasear las hojas, evitar el Facebook, ser rigurosa en estudio y profundidas, revalidar el merecimiento de este intercambio y convertirme en una buena mujer y decente ciudadana. Amén.




Pd. Se aprueba con 5/10. Gente de la UBA, llore.